Uff, la empresa de alimentos congelados creada por Agustina Vidal, elabora casi 25.000 unidades por mes en una fábrica del centro de Santa Fe. Sus productos llegan a ciudades de cuatro provincias y también forman parte del menú de los atletas alojados en la Villa Olímpica durante los Juegos Suramericanos.
La marca produce medallones de legumbres y verduras con rellenos de mozzarella, queso ahumado o roquefort. En su oferta también hay empanadas, prepizzas, rollitos primavera y paquetes de masa filo rellenos de espinaca y hongos.
La idea surgió de un recuerdo de infancia de Vidal: “Yo me crié, creo que como todos en ese momento, a milanesa de soja, costeletas y milanesa de carne. Era lo que mi mamá, que laburaba horario de comercio, no estaba en todo el día, nos dejaba para que saquemos del freezer. Y esa milanesa de soja que no tenía gusto a nada”.
Hace unos ocho años comenzó a preparar los productos en su casa, por su cuenta. “La única inversión que hice en ese momento, con la única plata que tenía, fue una bolsa de 25 kilos de arroz, una de 25 kilos de lenteja y un par de quesos”, relató. Un amigo le diseñó el logo y ella fotocopiaba las etiquetas para los envases.
Con el tiempo, Uff pasó de vender a personas conocidas a estar en las góndolas de casi todos los supermercados de Santa Fe. También comercializa sus productos en comercios de Rosario, Paraná, Buenos Aires y Córdoba. La producción creció de 300 medallones a casi 25.000 unidades mensuales. Cerca de 1.400 atletas que participan de los Juegos Suramericanos y se alojan en la Villa Olímpica de la capital provincial tienen productos de la marca en el menú.
El aumento de la producción no hizo que Vidal dejara de lado todo el trabajo manual. Aunque evalúa automatizar el envasado, quiere mantener artesanal el armado de las hamburguesas. “Quiero mantener eso lo más artesanal posible porque también creo que ahí hay un diferencial, que es la calidad”, explicó. Según señaló, la empresa apunta a consumidores que prestan atención a lo que comen y sostener esos procesos implica costos.

Una fábrica y un equipo de siete personas
Uff tuvo primero una sede en Santo Tomé y luego trasladó la fábrica al centro de Santa Fe. En los comienzos, Vidal se ocupaba de elaborar, envasar y distribuir. Actualmente, el emprendimiento emplea a siete personas, entre ellas cocineras, su hermana y dos tíos que realizan los repartos.
Después de la pandemia, Vidal reunió fondos para ampliar el proyecto y en 2022 puso en marcha la fábrica, equipada con los requerimientos de seguridad alimentaria necesarios para extender la comercialización. Para concretarla, usó sus ahorros y tomó un préstamo de un tío. “Todo muy a pulmón”, resumió.
La emprendedora también atribuyó el crecimiento al acompañamiento de su entorno, además del esfuerzo propio. “No es meritocracia, porque la gente que me rodea a mí tiene para comprar. Si, a mi me fue bien porque me rompí el lomo y me esforcé, como todos, pero además tengo un entorno que me acompaña. Yo no lo pierdo de vista. Por ahí cuando me dicen ‘es porque te esforzaste’, yo digo sí, pero no es solo eso”.
En el recorrido de Uff también aparecen el derrumbe del consumo y los desafíos de ser mujer en el mundo de los negocios. Vidal sostiene que busca cuidar la calidad y el carácter artesanal de sus productos mientras la empresa crece.
