Federico Pita, fundador de Diáspora Africana de la Argentina, editor del suplemento Negrx de Página/12 e investigador y docente en Clacso y la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, cuestionó la conmemoración del 12 de octubre y expuso su mirada sobre la historia del racismo en el país.
Al hablar de la fecha, Pita afirmó: “En el 12 de octubre, que es el inicio de uno de los más grandes genocidios de la humanidad, el genocidio indígena y la trata esclavista, decretada por 123 países del planeta en marzo de este año como el crimen más grave de la historia de la de la humanidad, la plaza en mi ciudad, la plaza de Mayo, va a estar vacía. Va a ser un fin de semana turístico. Y el progresismo bien intencionado dijo que en vez de festejar el Día de la Raza había que festejar el Día de la Diversidad Cultural. Es como si yo dijese que el 24 de marzo hay que celebrar el Día de la de la Pluralidad Ideológica, porque nos enfrentamos porque pensábamos distintos. Sería un delirante si digo eso. Acá se celebró la diversidad cultural en el día del genocidio. ¿Y qué pasó? La derecha que sacó esa pavada y vuelve a celebrar la raza”.
Politólogo egresado de la UBA y activista afroargentino, Pita visitó Santa Fe como parte de su “Gira Antirracista”. Presentó el libro que compiló, Antirracismo. Pensamiento y praxis en clave afrolatinoamericana, en el Solar de las Artes, de Sadop, y en el Centro Cultural y Social El Birri.
—¿Qué respondés a quienes dicen que en Argentina no hay racismo y mencionan expresiones como “Qué hacés negrito” o la idea de que somos un “crisol de razas”?
—Pita relacionó esa idea de que no hay racismo con un proyecto político impulsado por las elites y los llamados padres fundadores, que buscaba hacer de Argentina el país más blanco de América Latina. Mencionó a la generación del 37, con Sarmiento y Alberdi, y un modelo civilizatorio basado en presentar el territorio como vacío, pese a que —remarcó— no estaba deshabitado. También vinculó esa visión con las “Campañas del Desierto”, desde Rosas hasta Roca: sostuvo que no se trataba de plantar árboles, sino de apropiarse de tierras y matar personas para poblarlas luego con europeos, considerados entonces “lo mejor de la especie humana”.
En ese marco, se refirió al artículo 25 de la Constitución, que establece que el gobierno federal fomentará la inmigración europea. Para Pita, esa disposición expresa una jerarquía entre Europa y el resto del mundo y sigue vigente: dijo que no se eliminó ni en 1949, durante el gobierno de Perón, ni en 1994, en Santa Fe. Contrastó el racismo del proyecto político argentino, que describió como menos explícito, con el segregacionismo de Estados Unidos, donde —según comparó— se reconocía a las personas negras y su igualdad ante la ley, pero se las mantenía separadas.
Pita también atribuyó a Sarmiento la propuesta de borrar las diferencias raciales de las estadísticas y presentar la igualdad como resuelta por decreto. A su entender, esa forma de ocultar el racismo permite suponer que no existe o interpretar que llamar “Negro” a alguien es una muestra de afecto. Como contraste, señaló que no se utiliza “Blanco” con el mismo sentido cariñoso.
—¿Qué significa, entonces, la expresión “negro de mierda”, que también se asocia con personas indígenas o con una marca de clase?
—Pita explicó que la expresión no apunta exclusivamente a una persona originaria o afrodescendiente, sino que se usa como sinónimo de “no blanco”. La vinculó con la oposición entre “Civilización o barbarie”, en la que Europa representa la civilización y el resto, la barbarie, la brutalidad y la animalidad; una división que, dijo, se resume en las categorías de blanco y negro. Aclaró que esas palabras pueden tener un uso afectivo en vínculos íntimos, pero diferenció ese plano del racismo estructural, que definió como un fenómeno político ligado a relaciones de poder que atraviesan el sistema y condicionan las conductas. En momentos de tensión social o política, sostuvo, “Negro de mierda” puede ubicar rápidamente a alguien como inferior.
—¿Cómo se expresa esa lógica fuera de Occidente, por ejemplo en India o China?
—El investigador planteó que “blanco” y “negro” no necesariamente describen el color de piel: asoció lo blanco con lo europeo y lo negro con lo no europeo, que —indicó— representa el 89% de la población mundial. También mencionó la Shoá: señaló que, si se mirara únicamente el color, se vería a personas blancas matando a otras personas blancas, aunque los judíos eran caracterizados como una raza inferior y como una amenaza a la supuesta pureza aria. Según su explicación, siempre aparece algún elemento que pone en cuestión la blanquitud. En América, agregó, el color de piel puede ser determinante y las estadísticas sobre personas de piel oscura asesinadas por la policía son “abrumadoras”.
—Cuando decís que la policía mata a personas de piel oscura, también hablás de sectores pobres.
—Pita sostuvo que la clase y la raza están estrechamente relacionadas. Para explicarlo, repasó la estructura colonial española: describió a las personas africanas negras como consideradas “no humanas” y esclavizadas; a los pueblos indígenas, como personas a las que se podía evangelizar y a quienes se asignaba una condición humana inferior y servidumbre; y a los europeos cristianos, como quienes podían ser civilizados y convertirse en pequeños propietarios o grandes latifundistas. Definió esa sociedad de castas como antecedente de las clases sociales actuales, una categoría que, señaló, se utiliza desde mediados del siglo XIX.
En esa línea, afirmó que en los barrios populares de América Latina, incluida Argentina y Santa Fe, suele vivir gente de piel más oscura, mientras que en las zonas privilegiadas tienden a concentrarse personas de piel más clara. Relacionó esa distribución con la “línea de color” propuesta por el pensador afroestadounidense William Du Bois y concluyó que clase y raza funcionan como una misma variable.
Referentes antirracistas en la Argentina
—¿Qué antecedentes de pensamiento antirracista encontrás en la historia argentina?
—Pita nombró a Bernardo Monteagudo, a quien describió como un hombre negro de Tucumán y una de las plumas más radicales del proceso revolucionario sudamericano. Formado en Chuquisaca, señaló que su pensamiento y su acción no pueden separarse de su negritud ni de las condiciones raciales de su época.
También destacó a Gabino Ezeiza, relacionado con la comunidad afroporteña, su prensa y sus ámbitos de discusión política e intelectual. Ezeiza participó en la Unión Cívica Radical y publicó en la prensa negra de Buenos Aires con el seudónimo de Liberato. Pita mencionó además a Horacio Mendizábal, intelectual afroporteño de mediados del siglo XIX que denunció explícitamente el racismo y se opuso a las ideas biologicistas de Sarmiento. Según señaló, esa generación antirracista dialogaba con otras expresiones de la negritud continental.
Para el siglo XX, mencionó referentes antirracistas en la práctica y resaltó a Ramón Carrillo, a quien describió como un hombre negro de Santiago del Estero que lo había dicho en numerosas ocasiones y que era amigo de Josephine Baker.
