Desde 2004, el artista y activista Neil Harbisson lleva una antena implantada en el cráneo. El dispositivo traduce las frecuencias de los colores en vibraciones audibles y amplía su percepción a los infrarrojos y los ultravioletas.
La palabra cyborg define a un ser que reúne componentes orgánicos y dispositivos cibernéticos. Aunque suele aparecer ligada a la ciencia ficción, también sirve para pensar hasta qué punto la tecnología se incorporó a la vida humana y si las personas pueden entenderse como sistemas que combinan elementos humanos y máquinas.
Harbisson se considera el primer cyborg del mundo. Nació con monocromatismo, una condición visual que le permite distinguir únicamente blanco, negro y gris. A los 19 años, en 2004, se implantó la antena para convertir los colores en sonidos y percibirlos por otra vía.
La antena puede conectarse a Internet, a otros dispositivos y a satélites. Así, Harbisson recibe mensajes, señales e imágenes de fuentes externas, además de frecuencias que vienen de fuera del planeta. En una oportunidad relató que alguien hackeó el dispositivo cuando estaba conectado a una red wifi pública y le envió una imagen a la cabeza. No puede apagar la antena, aunque sí desconectarla de Internet.
Después de un largo proceso legal, logró que su pasaporte tuviera una foto en la que aparece con la antena y que se lo reconociera en la práctica como cyborg. Para él, el dispositivo no está separado de su cuerpo: lo define como una parte integral e indivisible, un órgano sensorial que expande su percepción. "No siento que uso tecnología, ni siento que llevo tecnología, siento que soy tecnología", afirmó.
Su producción artística y su activismo se centran en los derechos cyborg, la expansión de los sentidos y el desarrollo de percepciones artificiales. En 2010 cofundó la Cyborg Foundation y en 2017 creó la Transpecies Society, que promueve el autodiseño y el reconocimiento de personas con identidades o sistemas sensoriales no humanos.
Arte y percepción
En la serie Retratos sonoros, Harbisson escucha los colores de los rostros y los convierte en obras. "Cada rostro es una combinación de colores única", dijo. "Son acordes musicales únicos que se relacionan con una persona, por lo que es una experiencia profunda. Cuando escucho los acordes de mi madre, tienen un profundo significado para mí".
También señaló que, desde su forma de percibir, "no hay pieles blancas ni pieles negras, todos somos naranja". Y bromeó: "Ahora siempre que miro a alguien le puedo decir que su cara me suena".
En 2007 hizo dedo por más de 50 países y escaneó todas sus capitales para representarlas con colores. Además, exploró los vínculos entre color y música y dirigió conciertos en los que transformaba los colores en sonidos con su antena.
Otro proyecto es el Diente Bluetooth: dos dientes con botones y un pequeño vibrador que permite enviar vibraciones a la dentadura de otra persona y comunicarse mediante código morse. El segundo diente se lo instaló su amiga Moon Ribas, artista y activista cyborg española.
Ribas sumó detectores de movimiento y velocidad a su cuerpo para ampliar su percepción espacial a 360 grados. También lleva sensores sísmicos en los pies, que le permiten sentir en tiempo real, a través de vibraciones, terremotos de todo el mundo y luego convertirlos en espectáculos de danza.
Cuando le preguntaron en una entrevista cómo hacía para bañarse, Harbisson respondió: "He tenido más problemas para entrar a iglesias que para entrar a la ducha".

