La edición 2026 de la Feria Internacional del Libro de Rosario concluyó con evaluaciones positivas de librerías y editoriales. Durante once días, el Cultural Fontanarrosa fue sede de más de 350 actividades. No se difundió una cifra total de asistentes.
Los expositores resaltaron la llegada de jóvenes y de público de otras ciudades. El feriado largo coincidió con el primer fin de semana y, durante el segundo, hubo compras vinculadas al Día de la Madre. La feria reunió más de 50 stands de librerías y editoriales de todo el país y a más de 150 escritores y escritoras locales que presentaron sus publicaciones.
El secretario de Cultura y Educación municipal, Federico Valentini, la describió como “la más convocante de todas sus ediciones”. También destacó la participación de personas de distintos barrios y edades, y señaló que el balance comercial fue positivo para un sector que atraviesa dificultades.
Por su parte, la ministra de Cultura provincial, Susana Rueda, valoró la articulación con la Municipalidad y el lugar de la feria como espacio de encuentro entre lectores, autores y editoriales. La organización estuvo a cargo del municipio, el Gobierno de Santa Fe, la Universidad Nacional de Rosario y la Fundación El Libro.
Ventas y visitantes
Aunque no se difundió un total de ventas, las librerías consultadas describieron una buena respuesta del público y algunas reportaron resultados superiores a los de ediciones anteriores. Pablo Pérez, de Homo Sapiens, señaló que hay personas que regresan cada año y mencionó visitantes de Córdoba, Buenos Aires y distintas localidades santafesinas. Según explicó, ese movimiento también se reflejó en las compras.
Martina Mainelli, de El Cuco no existe, destacó la actividad durante el fin de semana largo y la presencia de visitantes de Buenos Aires, Entre Ríos y localidades del interior de Santa Fe. En Paradoxa atribuyeron parte del impulso en las ventas a las presentaciones de libros y a la agenda de autores.
En el espacio conjunto de Beatriz Viterbo y bajolaluna informaron que vendieron un 18% más que el año pasado, el mejor resultado de los últimos tres años. Además de las ventas, los sellos valoraron el interés del público por conversar sobre sus catálogos y el contacto directo con los lectores, en un contexto difícil para las editoriales independientes.
Lectores jóvenes y propuestas para distintas edades
La presencia de adolescentes y jóvenes fue otro de los aspectos señalados por los libreros. Entre los intereses mencionaron novelas juveniles, romance y clásicos, además de las actividades de Santiago Speranza y Luquitas Rodríguez. En Puerto Libros observaron una importante cantidad de visitantes menores de 20 años interesados en obras clásicas. En Homo Sapiens vincularon esa respuesta con la ampliación de los catálogos juveniles de varias editoriales.
El Plan Mil 65 incluyó actividades para bebés de hasta tres años. El espacio de infancias ofreció más de 60 presentaciones y lecturas, y fue uno de los sectores más concurridos. La programación también sumó talleres y charlas para adultos y adultos mayores, junto con propuestas dirigidas especialmente a personas de más de 65 años, como una edición especial de Circuitos Culturales.
Autores rosarinos y encuentros con lectores
La producción local tuvo un lugar destacado en la programación. A las actividades de las instituciones organizadoras se sumaron propuestas de librerías, editoriales y autores de la ciudad.
Gabriela Stringa, seleccionada a través de una convocatoria para escritores, presentó su primer libro, Eso que siempre estuvo ahí. La autora valoró la posibilidad de compartir actividades con figuras de trayectoria y consideró que la invitación representa un reconocimiento para quienes comienzan a publicar.
Dahiana Belfiori presentó No es posible ordenar el fuego, editado por Mal de Archivo. Destacó la circulación de novedades rosarinas, las recomendaciones de libreras y libreros y los encuentros que se forman alrededor de las lecturas.
El Cuco no existe organizó más de 20 presentaciones y lecturas. Mainelli remarcó que la entrada gratuita permitió acercarse a autores y proyectos editoriales también a quienes no tenían la posibilidad de comprar un libro.
El historietista Chanti fue parte de una de las actividades y firmó ejemplares durante dos horas y media después de su presentación. Entre quienes se acercaron había lectores que lo seguían desde la infancia.
Germán Abbet, de El Maltés, puso el acento en otro aspecto de la feria: la oportunidad de conocer a otras personas que leyeron el mismo libro y conversar sobre esa experiencia.
Los libros y autores más buscados
Al no haber un ranking general de ventas, las consultas realizadas en los stands dieron cuenta de algunos de los nombres más pedidos. Entre ellos estuvieron Claudia Piñeiro, Viviana Rivero, Selva Almada, Marcela Ternavasio, Eduardo Sacheri, Mariana Enríquez, Gabriel Rolón, Samanta Schweblin y Leila Guerriero.
En Puerto Libros mencionaron las novedades de Piñeiro y la demanda de libros de Guerriero, Enríquez, Almada y Sacheri. También señalaron el interés por Montoneros, de María O’Donnell, y por títulos de María Teresa Andruetto.
Entre los clásicos que conservaron su lugar en las compras estuvieron Orgullo y prejuicio, Drácula, Frankenstein, 1984, Rebelión en la granja, La Ilíada y La Odisea, además de obras de Dostoievski. También hubo pedidos de La hipótesis del amor, de Ali Hazelwood, y de libros de la saga Harry Potter.
En el stand de Beatriz Viterbo se destacaron Las tierras, de Marcos Crotto, y Bishop, de Juan Vitulli. En bajolaluna, los expositores mencionaron Las ilusiones, de Agustín de Luca; El diluvio de origen, de Alisa Lein; y los libros de poesía El hada que no invitaron, de Estela Figueroa, y El árbol de palabras, de Mirta Rosenberg.







