Cientos de miles de personas se movilizaron el sábado 17 de octubre en distintas ciudades de Francia contra el aumento del costo de vida. Fue la jornada más concurrida desde el inicio, a fines de septiembre, de la rebelión estudiantil en escuelas secundarias. La protesta ocurrió en medio de una crisis fiscal y social, a un año de las elecciones presidenciales.
A los estudiantes se sumaron los chalecos amarillos, universitarios, agricultores, organizaciones climáticas y centrales sindicales como la CGT y Solidaires. También hubo reclamos por la violencia policial y por las lesiones de estudiantes en movilizaciones anteriores. La convocatoria, impulsada en redes con el lema “jóvenes y amarillos”, incluyó demandas por el precio de los combustibles, las tarifas eléctricas y el costo de la canasta básica, además del rechazo al proyecto de presupuesto 2027 y a la falta de recursos para escuelas y hospitales.
Los organizadores estimaron la participación en unas 800.000 personas. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, calculó 550.000 asistentes en todo el país, frente a una previsión oficial de entre 60.000 y 110.000. Las columnas más numerosas fueron las de Lyon y Nantes, con unas 20.000 personas cada una; en Rennes hubo 10.000.
🇫🇷 FRANCIA: PROTESTAS MASIVAS contra el alto costo de vida y el deterioro de los servicios públicos.
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Choques, saqueos e incendios
En varias ciudades hubo episodios de violencia. En Marsella, manifestantes derribaron las puertas del ayuntamiento y luego se produjeron saqueos en comercios del centro. En Lille rompieron los ventanales de la alcaldía y en Lyon se incendió una oficina de turismo. En París, hubo enfrentamientos con gases lacrimógenos y proyectiles en la plaza de la República. Por la noche, fueron saqueados locales de CELINE, Dior, Burberry y Louis Vuitton.
En Limoges, un grupo de encapuchados prendió fuego a un vehículo de la policía municipal frente al ayuntamiento, forzó los accesos e inició un incendio dentro del edificio. Las llamas alcanzaron los pisos superiores y el techo, que se derrumbó. El inmueble había sido inaugurado en 1883. El alcalde, Guillaume Guérin, lamentó la destrucción de un edificio querido por los habitantes y afirmó que el servicio público sigue en pie.
🇫🇷 | URGENTE: El reloj de la torre del Ayuntamiento de Limoges en Francia, edificio de 1876 y designado como monumento histórico en 1975, se ha derrumbado después de que fuera incendiado como parte de las protestas. https://t.co/vPNb2GpIJT
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) October 17, 2026
El balance de la jornada
El Gobierno desplegó más de 10.000 policías y gendarmes, al menos 5.000 en París, y prohibió las concentraciones en las cercanías de los Campos Elíseos. La jornada dejó unos 1.200 detenidos y 150 agentes heridos. En París murió una persona tras sufrir un paro cardiorrespiratorio. También se mencionaron “centenares de heridos”.
Los ataques afectaron a unos 1.500 comercios en el país. Alexandre Bompard, presidente de la Federación del Comercio y de la Distribución y CEO de Carrefour, estimó que los daños llegarán a “cientos de millones de euros”.
La jornada volvió a poner en discusión el uso de granadas aturdidoras. Su utilización había sido suspendida después de que un estudiante secundario quedara mutilado en Lens, pero Nuñez volvió a autorizarla en casos de “violencia urbana”. En Saint-Étienne, un manifestante habría perdido una mano al recoger una granada.
Las reacciones
El primer ministro, Sébastien Lecornu, denunció “una violencia de extrema intensidad” organizada por grupos “ultralibertarios” y dijo que el Gobierno no se dejará intimidar. El presidente Macron aseguró que quienes atacaron prefecturas, comercios y alcaldías “serán perseguidos y castigados”. Nuñez anticipó “una larga noche”.
Desde la ultraderecha, Marine Le Pen y Jordan Bardella responsabilizaron a la “extrema izquierda”. Jean-Luc Mélenchon, líder de La France Insoumise (LFI —La Francia Insumisa—), acusó al primer ministro de agitar el conflicto.
“Ha jugado con fuego. Confiando en que todo se pudra, lo único que ha conseguido es unir a toda la juventud y a los sindicatos de trabajadores. Además, sus órdenes de represión salvaje (...) han desencadenado una movilización sin precedentes en el país”, escribió Mélenchon en redes sociales.
La Confederación General del Trabajo (CGT) de Francia describió las manifestaciones como “una nueva etapa en el proceso de movilización” y sostuvo que el gobierno “debe responder sin demoras a las demandas” de la población.
Un malestar en aumento
La movilización del sábado se sumó a un movimiento estudiantil que empezó el 21 de septiembre en un colegio de la periferia de París y se extendió a unos 400 establecimientos. Los reclamos apuntan a aulas superpobladas, edificios deteriorados y falta de personal. Desde septiembre se estiman cerca de 6.900 detenciones en el movimiento estudiantil. La marcha juvenil más numerosa hasta entonces había sido la del 6 de octubre.
El proyecto de presupuesto 2027 prevé un recorte de 54.000 millones de euros y un aumento del gasto militar. El Gobierno destinó entre 500 y 700 millones de euros a la agricultura y prorrogó la ayuda al combustible, pero esas medidas no redujeron el malestar.
La coalición sindical convocó a una huelga y una manifestación para el 5 de noviembre, con reclamos por salarios y servicios públicos.





