El rumbo del peronismo y el lugar de Cristina Fernández de Kirchner abren dos preguntas: si alguna de las expresiones del movimiento puede derrotar a Javier Milei y qué proyecto podría ofrecer. El análisis pone en discusión la decisión de la expresidenta de reducir la confrontación con sectores de poder.
Para revisar su trayectoria, el texto enumera la operación Nisman, las campañas electorales de 2015, las causas judiciales que se iniciaron durante el macrismo contra ella y sus hijos, la experiencia del Frente de Todos y el episodio de septiembre de 2022. También menciona la situación de salud de Florencia Kirchner, el papel de La Cámpora y la condena que Cristina cumple con reclusión domiciliaria.
El análisis interpreta esa secuencia como una serie de derrotas políticas, aunque señala que algunos momentos coyunturales matizaron ese recorrido. A la vez, considera a Cristina una de las figuras más relevantes de la historia política argentina reciente y advierte que su trayectoria suele ser discutida desde posiciones diversas y con distintos grados de rigor.
Una de las cuestiones que plantea es por qué Cristina debería seguir siendo la misma figura de siempre. También pone en duda que conserve la capacidad de sostener expectativas populares y se pregunta si eso puede medirse a través de encuestas o de la concurrencia a sus actos.
La dificultad de dejar atrás liderazgos y dar lugar a una nueva etapa ocupa otro tramo de la reflexión. El texto señala que el peronismo unido ya perdió una elección, que Alberto Fernández —el candidato elegido por Cristina— fue derrotado y que, según el planteo, ella no puede volver a competir ni asumir el gobierno. La frase “poder decir adiós es crecer” aparece como una invitación a revisar la dependencia política de su figura.
Un militante kirchnerista citado en el análisis sintetiza su crítica: “Si el peronismo, y Cristina digamos todo, no pudo ofrecer algo más desafiante (no digamos revolucionario, porque no es cualquier cosa) que Scioli, Alberto Fernández y Massa en los últimos 11 años, el problema es qué peronismo nos ha quedado”.
El mismo interlocutor interpreta la elección de Alberto Fernández en 2019 no solo como una búsqueda de votos moderados o un acercamiento a sectores peronistas antikirchneristas. También la vincula con un cambio de estrategia frente a los poderes con los que Cristina buscaría evitar la confrontación. El desafío, sostiene, es articular las necesidades de la expresidenta y su electorado con las de quienes esperan una alternativa opositora que vaya más allá de las candidaturas y los cargos legislativos.
El análisis afirma que la fuerza política de Cristina no consiguió defenderla eficazmente desde el gobierno ni desde la oposición. Describe a La Cámpora como una organización que perdió peso electoral y simbólico, y cuestiona su capacidad para influir en la Justicia federal y acordar con sectores de la Corte Suprema. También menciona a Wado de Pedro como una posible figura kirchnerista, pero plantea dudas sobre su imagen, sus apoyos electorales y su recorrido político, incluida su renuncia en el contexto de la derrota del Frente de Todos.
La última década del kirchnerismo aparece como la historia de una fuerza que resistió, pero que habría mantenido su peso principalmente porque Cristina concentra buena parte de sus expectativas. El texto pregunta si el peronismo puede sostenerse sin ella o si su ausencia lo dejaría sin referencias. Además, advierte sobre la disputa por cargos y la búsqueda de protección política entre dirigentes.
La crítica alcanza a la dirigencia profesional en general. Según el análisis, una parte se alejó de los sectores sociales de los que proviene y muchos votantes la perciben como una casta. En ese marco aparecen Milei, Patricia Bullrich, Horacio Rosatti, Marcos Galperín y Daniel Funes de Rioja, figuras a las que distintos sectores políticos dicen enfrentar.
El texto relaciona ese rechazo con la participación electoral de 2023: afirma que más de ocho millones de personas no votaron en ninguna de las tres elecciones ejecutivas de ese año y que 14,5 millones eligieron una opción que se presentó contra la casta política. Para el análisis, esos datos expresan desconfianza hacia un sistema cuyos representantes son vistos como parte de esa casta y que tendría dificultades para presentar propuestas novedosas. También señala que no hay certezas sobre si esa tendencia se revirtió o está en vías de hacerlo.
En ese escenario, el análisis sostiene que Cristina todavía reúne expectativas populares y nacionales, aunque su supervivencia política también estaría ligada a su familia y a una fuerza que, según el texto, pierde prestigio. Plantea que sus votantes y otros sectores esperan una propuesta nacional distinta, no solo una alianza electoral en torno a su figura. También recoge una versión sobre su vínculo con el Grupo Clarín: “la viuda está convencida que perdió con Clarín, por eso cambió la estrategia”. La reflexión deja abierto si ese cambio efectivamente ocurrió.
El orden de la renovación peronista
La reorganización del peronismo abre varios interrogantes: si el proyecto debe definirse antes que las candidaturas o surgir de ellas; si la conducción tiene que ordenar la estructura o si la renovación debe impulsarse desde las bases; y si conviene una alianza acotada o un espacio amplio que reúna a distintos sectores. También están en debate la orientación económica y social y el lugar de temas como el FMI, el Ministerio de Trabajo, la hidrovía estatal, el aborto legal y las diversidades.
El militante citado propone otra lectura de la estrategia actual: “Lo más loco es que casi todo el peronismo, incluido Axel y por qué no la Rusa, que dice lo que hay que decir, están esperando que Milei se caiga solo… Mirando desde abajo, votos más, votos menos, desde el piso adonde yacen todos, porque lo que se cayó fue toda la oferta”. El análisis agrega que, en las últimas cinco elecciones nacionales, la suma de quienes se ausentaron y votaron en blanco fue el espacio electoral más dinámico.
