Flávio Bolsonaro aventajó a Lula da Silva por algo más de dos millones de votos en la primera vuelta de las elecciones de Brasil. Más de nueve millones de sufragios se repartieron entre otros candidatos y más de 33 millones de personas no votaron. El balotaje será dentro de tres semanas.
El bolsonarismo amplió su presencia en las cámaras legislativas y las gobernaciones, mientras el oficialismo perdió terreno. Aunque Lula sea reelegido, el nuevo equilibrio político podría reducir su margen de acción.
El retroceso de Lula tuvo distintas expresiones según la zona. En porcentaje, perdió más apoyo en localidades pequeñas y rurales, con caídas cercanas a los siete puntos. En cantidad de votos, las mayores bajas se dieron en el sudeste y en ciudades de más de 100.000 habitantes.
La elección también volvió a poner en cuestión la capacidad de las encuestas para anticipar los resultados. El análisis de la contienda sostiene que los sondeos llevan cerca de 15 años sin acertar en varias de las principales disputas electorales.
Entre los elementos que se analizan figura el rol de las iglesias pentecostales, consideradas espacios con capacidad de organización y llegada social, especialmente entre sectores cercanos a las derechas. También se señala el peso creciente de los celulares y las redes sociales en la conversación pública, junto con la concentración de esas plataformas en cuatro empresas estadounidenses.
La soberanía aparece como otro eje de debate. El análisis plantea que tendría un peso limitado para una parte amplia del electorado sudamericano, pese a las declaraciones de Donald Trump y de candidatos que, según esa lectura, impulsan vínculos de dependencia y extracción de recursos.
La campaña estuvo marcada por la confrontación, las descalificaciones entre adversarios y la circulación de noticias falsas y contenidos generados con inteligencia artificial. En ese marco, también se plantea si los límites éticos de las izquierdas populares pueden convertirse en una desventaja táctica frente a sus rivales.
Un balotaje con apoyos en disputa
Lula expresó su decepción tras el resultado. “Estaba convencido de que iba a ganar”, afirmó, y añadió: “a partir de mañana comienza la nueva campaña”. Flávio Bolsonaro, por su parte, celebró la votación y sostuvo: “Es el fin de la era del PT”.
La participación alcanzó el 78,92% del electorado. En la segunda vuelta de 2022, cuando Lula ganó por un margen estrecho, había votado el 79,41%. El nivel de ausentismo se mantuvo dentro del rango histórico, por lo que el margen para atraer a personas que no suelen participar sería acotado.
Los tres candidatos más votados que quedaron fuera del balotaje fueron Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado. Cury es psiquiatra y se incorporó recientemente a la política; Santos es un joven libertario ubicado a la derecha de los Bolsonaro; y Caiado es un dirigente tradicional de derecha y exgobernador de Goiás. En conjunto reúnen casi la totalidad de los votos que quedaron en disputa. Los tres se declararon prescindentes y dejaron libertad de acción a sus votantes.
Una de las hipótesis sobre el resultado es que Bolsonaro logró captar voto útil y podría estar cerca de su techo electoral, al sumar apoyos de otros candidatos afines. Antes de la votación, analistas, medios y encuestas anticipaban una amplia ventaja de Lula; esa expectativa pudo favorecer la concentración de votos en su rival.
Los resultados de las gobernaciones, ya definidos, también ofrecen indicios para la segunda vuelta. En San Pablo, Tarcísio de Freitas fue reelegido en primera vuelta con el 62% y derrotó al ministro de Economía, Fernando Haddad, que obtuvo el 36%. Tarcísio aspiraba a ser el candidato nacional del bolsonarismo. Con la gobernación asegurada, queda por observar qué nivel de movilización tendrá en un estado con 34 millones de electores. Allí, Bolsonaro superó a Lula por tres millones de votos.
