En una reflexión personal sobre la muerte de Nancy Godoy, una docente cuestionó las condiciones de trabajo en las escuelas y calificó el caso como un «femicidio estatal». Dijo que no podía escribir con distancia sobre lo ocurrido: solo podía mirar la foto de Godoy, decir su nombre y escuchar sus audios.
En esas grabaciones, señaló que reconocía una voz con rasgos correntinos y emociones como enojo, frustración, orgullo y dignidad. También recordó la frase «con el culo entre las manos, diciendo yo no sabía nada», sobre quienes, según escribió, no asumen sus responsabilidades.
La autora sostuvo que a quienes ocupan los niveles más bajos de la cadena de responsabilidades se les exige acreditar aprendizajes, comportamiento, inclusión, asistencia, proyectos, actualización pedagógica y disponibilidad. Cuestionó especialmente que esa última palabra se use para describir el trabajo educativo.
«Hoy no estamos disponibles. Nancy fue asesinada», escribió. A la vez, planteó que las docentes continúan sosteniendo el vínculo con sus estudiantes, aunque lo hacen —según describió— sin recursos ni tiempo y con un desgaste que no recae de la misma manera sobre todas. Para referirse a esa tarea, habló de «soportar», en el sentido de sostener, aguantar e insistir.
También cuestionó políticas que, a su entender, debilitan el vínculo educativo. Mencionó a los jardines, las escuelas primarias y secundarias y las universidades públicas como espacios centrales para la formación y el pensamiento propio. Extendió sus críticas a las políticas de salud pública.
En otro tramo, señaló la falta de presencia y las demoras en la toma de decisiones, además de cuestionar las evaluaciones y la documentación que se exige a los trabajadores. Sostuvo que el vínculo entre docentes y estudiantes no se explica por el amor o la vocación, sino por una forma de relacionarse que necesita «condiciones dignas».
Entre los cambios que reclamó, propuso reducir gastos en comodidades y estructuras administrativas, y atender las necesidades de quienes dan clases enfermos, afónicos o sin reconocimiento. Afirmó que algunas veces no tienen tiempo para ir al baño, pagan de su bolsillo el papel higiénico y el agua que consumen, y reciben descuentos cuando se enferman. Según escribió, el trabajo docente se paga con el cuerpo y, en algunos casos, con la vida.
La docente se preguntó si todas las trabajadoras podrían adoptar la misma posición que Nancy Godoy y qué consecuencias tendría. Cerró cuestionando las expresiones «asistencia perfecta, descuento, declaración jurada, normalidad» y contrapuso a ellas la consigna «Nosotras decimos PARO».






