El consumo de carne vacuna retrocedió 11,3% interanual en los primeros ocho meses de 2026. El promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en 46 kilos por habitante al año, el valor más bajo de una serie que comienza en 1914, de acuerdo con datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
La baja responde tanto a factores recientes como a transformaciones de largo plazo en la producción ganadera, los precios y las elecciones de los consumidores.
Un relevamiento de Argendata, de la fundación Fundar, muestra que el consumo superaba los 80 kilos por persona al año a fines de la década de 1960. Para 2023, había descendido a 49 kilos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En 2026, la tendencia continuó.
Producción estancada y más población
La producción de carne vacuna casi no varió en décadas: en 2024 alcanzó 3,18 millones de toneladas, un nivel parecido al de casi cincuenta años antes. Como la población aumentó en ese período, cayó la cantidad disponible por habitante.
Argendata vincula este proceso con la competencia entre la ganadería y la agricultura por el uso de la tierra, la inestabilidad económica y los obstáculos para mantener inversiones a largo plazo. La actividad ganadera demanda años para recuperar el capital invertido y la incertidumbre puede desalentar su crecimiento.
En los primeros nueve meses de 2026, la faena de ganado vacuno disminuyó 10% interanual, de acuerdo con el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC. La caída de animales procesados reduce el volumen destinado tanto al mercado interno como a las exportaciones.
El avance del pollo y el cerdo
Mientras la producción vacuna permanece prácticamente estancada, las cadenas avícola y porcina se expandieron. La producción de pollo se multiplicó por 64 desde 1961 y llegó a 2,3 millones de toneladas en 2024. La porcina también creció, especialmente desde comienzos de este siglo.
Los progresos en genética, nutrición y sanidad animal aumentaron la productividad y ayudaron a bajar costos. A la vez, cambiaron las preferencias alimentarias y se extendió la aceptación de las carnes blancas.
En 2023, el consumo anual por habitante superó los 45 kilos de pollo y los 17 kilos de cerdo. Las mediciones más recientes incluso sitúan al pollo por encima de la carne vacuna en consumo aparente por persona.
Así, la carne bovina pasó de representar cerca del 90% de la oferta total de carnes a concentrar alrededor de la mitad, según Argendata.
La brecha de precios
El precio relativo también incide en las decisiones de compra. Si la carne vacuna se encarece frente al pollo o al cerdo, los hogares pueden elegir esas alternativas para sostener el consumo de proteínas con un gasto menor.
Entre 2003 y 2006, la relación de precios entre la carne vacuna y el pollo subió de 1,55 a 2,08: el kilo de carne vacuna pasó de costar una vez y media a más del doble que el de pollo. En ese lapso, el consumo de pollo aumentó 41%, mientras que el de carne vacuna se mantuvo casi sin cambios.
La sustitución volvió a profundizarse entre 2009 y 2011, luego de la sequía y la reducción del stock ganadero. El consumo de carne vacuna pasó de 53,5 a 49 kilos por habitante, y el de pollo, de 32,8 a 37,5 kilos.
En 2026, la pérdida de poder adquisitivo y el mayor precio relativo de la carne vacuna vuelven a presionar sobre su consumo.






