Flávio Bolsonaro (PL) quedó primero en la primera vuelta, con una ventaja menor a dos puntos. En los días finales, distintos sectores se movilizaron para respaldar a Lula (PT), tanto en las calles como en las redes. Flávio es el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, quien está preso por intentar un golpe de Estado.
Las primeras actividades se realizaron la noche del 5 de octubre, cuando estudiantes de la Universidad Federal Fluminense (UFF) se reunieron en Niterói. Luego participaron estudiantes, trabajadores, organizaciones sociales y políticas, personas autoconvocadas, blocos de carnaval, escuelas de samba, comunidades indígenas y quilombolas, capoeiristas, candomblecistas, católicos y referentes culturales.
Tras la primera vuelta, la frase “Esto lo hablamos después de las elecciones” aparecía, según el relato de la campaña, cuando surgían otros temas. La cantante Ivete Sangalo llamó a sus seguidores: “Les pido que nuestra insatisfacción no le gane a nuestra lucidez”. También hubo migrantes, entre ellos argentinos, que intentaron conversar sobre el gobierno de Javier Milei.
Al mismo tiempo, parte del electorado expresaba su respaldo a Bolsonaro como una cuestión de salvación divina. El clima fue definido como de “psicosis política”. En las redes se difundían mensajes y noticias falsas, vinculados con la estrategia del PL, mientras Meta y Google aplicaban restricciones. El equipo de Lula, por su parte, intensificó su actividad digital tras la primera vuelta.
El diputado federal por Minas Gerais André Janones quedó a cargo del canal de WhatsApp Ejército de Lula, que llegó a 10,5 millones de seguidores. Ya había cumplido una función parecida en las elecciones de 2022. Desde ese espacio publicó materiales, volantes, memes, hashtags y guías para viralizar contenidos, con indicaciones como “exploten este video”. La propuesta buscó coordinar a los votantes y ampliar el alcance de los mensajes de campaña en las redes.
La iniciativa se dirigió a indecisos, personas que no habían votado por abstención o por estar por encima de la edad de voto obligatorio, y electores que habían elegido a otros candidatos. “Derecha e izquierda contra la ultraderecha” fue una de las consignas. Entre los contenidos circularon testimonios, canciones, stickers, bailes, series animadas y montajes de Lula en escenas de la cultura popular.
Algunos videos caseros apelaron a recuerdos personales. Un trabajador rural se filmó casi a oscuras en el campo y evocó charlas de su infancia, cuando sus amigos decían que querían ser camioneros o mototaxistas. Al escuchar a su hija y a sus compañeros hablar de profesiones como médica, abogado o juez, cerró con esta reflexión: “Lula cambió los sueños de las infancias de este país”.
En otro registro, un hombre contó que había dejado de apoyar a Bolsonaro. A sus espaldas se veía una obra de contención que, según relató, comenzó durante el gobierno de Lula, cuando el río amenazaba las casas de su barrio. “¿Cuántas obras hizo Bolsonaro en tu barrio?”, planteó. También instó a dejar de “pelear con fantasmas como la ideología de género” y a hacerse esa pregunta.
Otros videos evocaron a familiares que murieron durante la pandemia sin haber recibido la vacuna a tiempo. En el debate televisivo de Globo, Flávio Bolsonaro pidió a su equipo que difundiera en su cuenta un supuesto video original de Jair Messias en Manaus durante la pandemia. Buscaba refutar que el entonces presidente se hubiera burlado de pacientes con coronavirus que se quedaban sin aire. Después del encuentro, Fato o Fake, el segmento de verificación de datos de Globo, desmintió esa versión.
El debate televisivo
En el debate del viernes por la noche, Flávio presentó propuestas de inversión, como instalar centros de datos en la selva amazónica y promover el turismo internacional en el nordeste. Sobre este último punto, mencionó la expectativa de que los visitantes dejaran propinas en dólares y euros. También prometió defender la libertad. Sus anuncios se contrastaron con su plataforma política, sus conversaciones con empresarios y las políticas del gobierno de su padre.
El discurso de Flávio tuvo una estructura más definida hacia el cierre del debate, cuando enumeró datos y medidas en distintos pasajes. También llamó a Lula “anciano” y “nueve dedos”, una expresión que el bolsonarismo utiliza para referirse al presidente, quien perdió un dedo con un torno mecánico cuando tenía 17 años.
“No voy a permitir que un miliciano me llame nueve dedos”, respondió Lula. Flávio se disculpó por el insulto, aunque no negó la acusación de miliciano. Tampoco negó que, en su condición de abogado, defendía al policía militar acusado de asesinar a Ana Clara, una niña de 5 años alcanzada por un fusil mientras jugaba en la puerta de su casa, en Niterói. Al dirigirse a la madre de la niña, que estaba entre el público, mantuvo la mirada en la cámara y la llamó por el nombre de su hija.
Lula le preguntó además por su voto en contra, en 2009, de ampliar la licencia por maternidad para trabajadoras públicas de Río de Janeiro. El candidato del PL respondió que hoy votaría de otra manera porque ahora está casado. “Yo sinceramente me cansé de hacerle preguntas a este rapaz y que él mienta descaradamente”, dijo Lula en el último bloque.
El formato le permitió a Flávio esquivar algunas preguntas de su rival y presentar acusaciones sobre la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el endeudamiento de las familias —que confundió con la deuda pública— y hechos de corrupción. Lula no respondió de forma individual a cada señalamiento. Lo calificó de “fantásticamente mentiroso” y pidió a la ciudadanía que buscara en Google datos sobre la economía y las inversiones públicas de los gobiernos del PT y del PL.
La campaña desde abajo
Camila Guimarães, periodista y publicista de Maceió, capital del estado de Alagoas, describió un panorama diferente al de otros lugares del nordeste. La ciudad es la tierra natal de Alfredo Gaspar, diputado federal y candidato a vicepresidente en la fórmula de Flávio Bolsonaro. “Nuestra capital es la única del Nordeste donde gana Bolsonaro. Hay una élite muy conservadora que influencia mucho a los trabajadores, tanto que la cantidad de votos para Flávio en los barrios periféricos es absurda”, afirmó en un mensaje de audio.
Guimarães sostuvo que el resultado de la primera vuelta movilizó a sectores que creían que la elección ya estaba definida. “Trato de pensar que el hecho de que el resultado de la primera vuelta no fuera lo que esperábamos hizo que gran parte de la sociedad, que estaba más ‘tranquila’, creyendo que el juego estaba ganado, reaccionara. Y vemos el resultado de eso en las calles en estas últimas semanas: un gran movimiento en defensa de la democracia y de los derechos de la clase trabajadora”, dijo. También advirtió: “Es un escenario muy nebuloso y estamos lidiando con personas que ya intentaron dar un golpe en 2023, cuando perdieron la elección. Entonces, siempre queda ese recelo de pensar que puede estar pasando por debajo de la mesa”.
Nicolás Calabrese, nacido en Paraná y radicado desde hace más de diez años en Río de Janeiro, milita en el PSOL y participa de la red de educación popular Rede Emancipa. Contó que, después de la primera vuelta, crecieron las convocatorias espontáneas en barrios de la ciudad y municipios del estado. En algunas actividades, personas que se acercaron por cuenta propia se sumaron a militantes del PSOL y de otros partidos para dialogar con los votantes.
“La diferencia con la primera vuelta es que en vez de presentar todos los candidatos, ahora buscamos poder caminar con el folleto en la mano y ponernos a disposición para dialogar, más preguntar y escuchar que empezar a hablar. Claro que, también, con información para poder dar respuestas a los cuestionamientos. Entonces, yo lo veo como un proceso muy rico del punto de vista de la politización y la conciencia popular”, sostuvo.
Calabrese calificó la participación en distintos puntos del país como “una movilización con una fuerza impresionante, de las más grandes que participamos en los últimos años”. Y agregó: “Las calles están de un lado ahora, y es con Lula, de una forma muy autoorganizada y capilarizada. Vamos a ver cómo se traduce en las urnas”.
Mariana Ferreira Garcia Falcão, trabajadora social e investigadora, vive en Guaratuba, una ciudad de 45.000 habitantes sobre la costa de Paraná. Allí fue elegido gobernador Sérgio Moro, juez del caso Lava Jato. “Nos encontramos en un escenario con muchos políticos de extrema derecha. Incluso si Lula gana, será difícil que tenga libertad para gobernar”, planteó.
En Guaratuba hubo actos organizados por partidos de izquierda y por personas que se sumaron a partir de las movilizaciones en las grandes ciudades. “Organizamos distintos actos, entre ellos uno en la playa, algo inédito en la ciudad, que fue hermoso y ayudó a levantar el ánimo de la gente. Y nos coordinamos con las ciudades vecinas de la costa paranaense para organizar actos conjuntos. Y además, estamos trabajando el doble, haciendo campaña a través de las redes”, contó.
Ferreira Garcia Falcão también resaltó el uso de memes durante la campaña: “Los brasileños ya tenemos mucha destreza en esto, en estas elecciones no han faltado memes para generar mayor interacción, riendo por pura desesperación”.
Felipe Azevedo e Souza, profesor universitario e investigador en Historia Social del Trabajo, nació en Pernambuco y vive en Río de Janeiro. Consideró que “estamos en un momento inédito de la historia reciente porque, por primera vez, la izquierda está teniendo una actuación mejor en las redes que la extrema derecha”. También alertó sobre el impacto de la elección en la salud mental.






