En la ciudad de Santa Fe, el 65% de las personas de 18 a 29 años que trabajan no realiza aportes previsionales. A la vez, el 59,8% considera “muy necesario” cambiar su situación laboral y económica, de acuerdo con un informe del Centro de Estudios DEMOS.
El documento, llamado “Juventudes y trabajo precario. Radiografía de jóvenes trabajadores en la ciudad de Santa Fe”, se elaboró con información del Observatorio Social de la UNL correspondiente al período 2022-2025. La investigación analiza la informalidad, los ingresos inferiores a la línea de pobreza, la desigualdad de género y las dificultades para acceder a un empleo relacionadas con el nivel educativo.
El estudio advierte que estas condiciones repercuten en la desigualdad, la cohesión social y el sistema previsional. Joaquín Rosas, integrante de DEMOS, afirmó: “Estamos hablando de toda una generación que no cuenta con las herramientas básicas para desarrollar su vida en plenitud”.
“Podemos observar ingresos deprimidos, baja protección social y amplia demanda en las horas diarias destinadas al trabajo. Si pensamos y le exigimos a esta generación proyectar un futuro de dignidad en estas condiciones, debemos comprender que lo que estamos haciendo es trampa. Esta generación no se queda en la casa de sus padres por falta de voluntad, sino por falta de recursos”, agregó Rosas.
Ingresos y brecha salarial
El relevamiento señala que tener un empleo no garantiza ingresos suficientes para afrontar los gastos. A valores de 2025, las mujeres jóvenes percibieron en promedio $444.000 y los varones, $558.000. El informe compara esos montos con los $1.128.398 de la canasta básica para una familia tipo de cuatro integrantes, referencia utilizada para establecer si el hogar es considerado pobre.
“Con esto no estamos hablando del sueño de la vivienda propia, estamos hablando de poder alquilar un monoambiente, comer todos los días lo que queramos, garantizar salidas con amigos y amigas para disfrutar el tiempo libre, vestirnos de manera adecuada: de todo eso se está privando a esta generación”, dijo Rosas.

La diferencia salarial promedio entre mujeres y varones jóvenes es del 25,7%, según el estudio. DEMOS plantea que el dato coincide con su hipótesis de que el mercado laboral joven de Santa Fe tiende a conservar y reproducir posiciones laborales masculinizadas.
El 59,8% de las personas encuestadas respondió que es “muy necesario” modificar su situación laboral y económica. Ese grupo incluye a un 33,7% que no trabaja y a un 26,1% que tiene empleo.
El informe también vincula los ingresos bajos con una protección previsional escasa o inexistente. Según el documento, quienes más pierden frente a la inflación son también quienes cuentan con menos herramientas institucionales para recuperar sus capacidades económicas.
Además, señala que la cobertura de planes sociales para las juventudes se redujo un tercio entre 2023 y 2025, durante el gobierno de Javier Milei. El documento caracteriza ese período por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la retracción de la protección social.
Educación y protección social
La investigación relaciona la formación educativa con las posibilidades de inserción laboral. Las interrupciones en las trayectorias, sobre todo en los niveles secundario y superior, aparecen asociadas a más dificultades para conseguir empleo y acceder a mejores remuneraciones. El informe vincula esas interrupciones, en gran medida, con la necesidad de obtener ingresos para cubrir gastos cotidianos.
El acceso a un trabajo tampoco despeja las situaciones de vulnerabilidad: el estudio describe una inserción atravesada por la informalidad y la desigualdad. Dos de cada tres jóvenes que trabajan no tienen obra social, aportes jubilatorios ni otro tipo de protección social.
