El Súper Niño podría seguir activo durante el verano argentino y alcanzar una de las mayores intensidades de las últimas décadas. Las proyecciones prevén lluvias por encima de los valores habituales en buena parte del país durante diciembre, enero y febrero, en particular en el norte y el centro.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) espera que el fenómeno continúe durante la temporada estival. En tanto, los pronósticos internacionales estiman que podría intensificarse en los próximos meses. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) calcula en más del 83% la probabilidad de que llegue a una intensidad fuerte o muy fuerte hasta el trimestre enero-marzo de 2027.
La denominación «Súper Niño» alude a la intensidad que podría alcanzar el fenómeno, asociado al calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Esta alteración modifica patrones atmosféricos y puede elevar la probabilidad de lluvias en distintas partes del mundo.
En Argentina, los efectos suelen sentirse con más fuerza en el noreste y el Litoral, aunque su alcance cambia según la región. Los modelos muestran una señal húmeda extendida, pero no pronostican lluvias permanentes ni inundaciones en todas las provincias.
Diciembre tendría la señal húmeda más amplia
Los modelos estacionales del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), analizados por Meteored, anticipan para diciembre precipitaciones superiores a los promedios históricos en gran parte del país.
La tendencia sería más marcada en el norte y el centro-norte. En algunos puntos del noreste, las anomalías podrían superar los 30 milímetros y acercarse a los 50 milímetros por encima de los valores habituales.
También se proyectan lluvias mayores en amplias áreas de la región Pampeana, Cuyo y algunos sectores de la Patagonia. De acuerdo con ese análisis, diciembre concentraría la señal de precipitaciones más generalizada del trimestre.
La evolución de los ríos será otro aspecto a seguir. Las lluvias acumuladas en las cuencas pueden aumentar los caudales y generar crecidas, aunque la respuesta dependerá de dónde y cuánto llueva, de las condiciones previas del suelo y de los aportes de otras regiones.
El Litoral, con lluvias previstas para enero y febrero
Para enero de 2027, los modelos sostienen la tendencia a precipitaciones superiores a lo normal en el norte del Litoral. En algunas áreas, las anomalías podrían superar los 50 milímetros. También se estiman excesos de entre 30 y 50 milímetros en sectores del centro del país, Cuyo y La Pampa.
En la provincia de Buenos Aires, algunas zonas del norte y el oeste podrían recibir más lluvia que el promedio. La acumulación de agua requiere atención en áreas rurales con suelos saturados, donde nuevas precipitaciones pueden favorecer anegamientos.
Las proyecciones para febrero también muestran una señal húmeda en el norte y el centro, con especial atención en el Litoral, Cuyo y la región Pampeana. Las lluvias podrían prolongar las complicaciones en las zonas que hayan acumulado precipitaciones abundantes durante los meses anteriores.
Los mapas estacionales indican tendencias generales, no el tiempo de cada día. La distribución y la intensidad de las tormentas, así como los acumulados, dependerán de la evolución de las condiciones atmosféricas en las próximas semanas.
El impacto no sería igual en todas las regiones
El Súper Niño ocurre cuando las temperaturas de la superficie del Pacífico ecuatorial se mantienen por encima de los valores normales. Ese calentamiento altera la circulación atmosférica y la distribución de las lluvias, aunque sus efectos dependen de las características de cada zona.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) advirtió que el impacto no es uniforme: mientras algunas regiones pueden atravesar períodos de exceso de agua, otras podrían registrar condiciones cercanas a lo habitual o precipitaciones inferiores al promedio.
La intensidad del fenómeno no define por sí sola la gravedad de sus consecuencias. También influyen la vulnerabilidad de cada cuenca, la infraestructura, el estado de los suelos y la capacidad de respuesta ante eventos extremos.
En el Litoral, el monitoreo de las lluvias y de los niveles de los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú será especialmente relevante en los próximos meses. Si se producen crecidas, nuevas precipitaciones podrían agravar las condiciones hidrológicas y prolongar los riesgos en las zonas ribereñas.






